SAN ARTÉMIDES ZATTI
Un santo para estos tiempos

El Victoria trajo a la Argentina a Luis Zatti, a su esposa, la señora: Albina Vecchi y a sus ocho hijos: Ildegarda, Pompeo, Artémides Joaquín Desiderio María, Eliseo, Teresa, Herminio, Florinda y Delfina.

Se abre un camino nuevo. Lleno de Bendiciones. Bahía Blanca es un verdadero imán de progreso.
Los inmigrantes italianos y españoles encuentran aquí su lugar en el mundo, su destino.
Rápidamente el joven Artémides consigue trabajo. Quizás el más importante por la extensión en el tiempo invertido, es su tarea en la fábrica de baldosas o mosaicos en calle Casanova del Nº 44 al Nº 48.

Artémides Joaquín Desiderio María Zatti nació el 12 de Octubre de 1880 en Boretto, Regio Emilia, Italia. Tenía dieciséis años cuando “el Victoria” ancló en el Puerto de Buenos Aires.
En sus momentos libres, Artémides es un fiel colaborador en las actividades que desarrolla el Padre Carlo Cavalli, Párroco Salesiano de la Iglesia Nuestra Señora de La Merced en Bahía Blanca.
Lo fascina la vida de San Juan Bosco, fundador de la Congregación Salesiana.
Nace en él un profundo deseo de ser Sacerdote.

El Padre Carlo Cavalli, habla con el señor Luis Zatti , padre de Artémides.
Le solicita su permiso para que su hijo pueda ingresar en el Prenoviciado Salesiano de Bernal.
En Bernal, Artémides contraerá tuberculosis.
El enfermo debe ser trasladado a Bahía Blanca, de allí se estima a Junín de Los Andes.
Al llegar a Bahía Blanca, frágil de salud, preocupa que no pueda llegar con vida a destino.
Es por ello que se sugiere como su nuevo lugar de residencia: Viedma.

Las Misiones Salesianas ya están presente y atienden una farmacia y un hospital: el “San José”.
El Padre Evasio Garrone es el único médico sin título oficial en el lugar, a cargo de las instalaciones.
Allí también se encuentra Ceferino Namuncurá, un joven enfermo que tiene el mismo deseo de Artémides, ser Salesianos. Nace entre ellos una gran amistad.

El Padre Evasio Garrone invita a Artémides a pedirle a la Virgen María Auxiliadora la Gracia de la salud. El enfermo se cura y dedicará toda su vida a los enfermos del Hospital San José.
En el año 1934, en Viedma, se crea la Sede del Obispado y el Hospital San José debe brindar el lugar a la residencia Episcopal.
La Congregación Salesiana pone a disposición de “Don Zatti” una granja, algo alejada de la Ciudad. Mientras las paredes del hospital San José caen, no hay tiempo para llorar; “Don Zatti”, está en plena mudanza. Es un pastor entregado al amor, que con firmeza de soldado, vuelve a empezar de la nada misma.

En sus recreos, el Círculo Católico de Obreros, es su lugar en el mundo.
Allí junto a sus vecinos de Viedma, cultiva la amistad, compartiendo un simple juego de bochas.

El Banco Nación será fiel testigo de lamentos y lágrimas.
¿Quién paga “Don Zatti?, ¿Quien Paga? Y él responderá hasta el hartazgo: si el dinero no sirve para hacer el bien, entonces no sirve para nada.
En julio de 1950 cae desde lo alto de una escalera. Será el inicio, la puerta de entrada al cielo.
Un diagnóstico que él mismo acierta lo prepara, como dirá él: “Hacia lo mejor”. Transcurre sus días visitando enfermos, tragando amargo y escupiendo dulce.
El 8 de marzo de 1951 escribe los cuidados que debe recibir durante los siguientes siete días.

El tratamiento termina el 14 de marzo. Al amanecer del 15 de marzo, el médico que lo visita encuentra el certificado de defunción con la fecha escrita, ya redactado por “Don Zatti”, quien ha reservado un espacio para que el médico indique la hora de su regreso a la Casa del Padre.
El 16 de marzo de 1951, las ciudades de Viedma y Carmen de Patagones y poblados de toda la región, lloran al pariente de todos los pobres.
El dolor no se contiene.
Una multitud camina, llega en carretas y bicicletas, viven con el alma crujiente, el último adiós a un hombre entregado, al que llaman: SANTO.

El 9 de octubre de 2022, Su Santidad El Papa Francisco, ante una multitudinaria plaza de San Pedro, lo proclama SANTO.
En la Oración, en el Santo Rosario, en una sentida Novena, Don Zatti vive, es luz, es esperanza.
Es cercano.
CREI, PROMETI, SANE.
No pudo ser sacerdote, es verdad no pudo.
¡Cuánto hubiese querido su alma serlo!
Dios y la Virgen María Auxiliadora en su inmensa generosidad, le regalaron la salud y es allí donde nace el hombre, vivo. Don Zatti es el enfermero Santo, que la Patagonia le regaló al mundo.

Martin Marín

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