LA DIGNIDAD DE TENER TRABAJO

Recorrer el camino de la vida no es tarea fácil, es quizás la prueba más grande que tenemos que desandar.
Pero al hacerlo con FE, honestidad y voluntad, atentos a la mirada de Dios Nuestro Señor, de nuestra Santísima Virgen María y de nuestros seres queridos, estamos sembrando mucho más que una buena semilla.
Esos árboles darán muchos frutos y esos frutos no caerán lejos de esos árboles.

¿Porqué cuesta tanto entenderlo?
Vivimos apenas un pasaje terrenal, nos olvidamos que mañana mismo podemos morir y vivimos como si nunca nos fuésemos a ir de este mundo.

La vida es el regalo más maravilloso. Es un Don que Dios nos regaló y que nos ofrece para que podamos construir en el bien, la mejor Obra.

Más de una vez, pienso en la mirada de un hijo a su padre honesto, cuando éste llega de su trabajo al hogar.
Ese abrazo, ese mate listo, cercano, invita a la confesión de los esfuerzos de la jornada que acaba de transcurrir.

Ese hijo orgulloso, se amasa en ese escenario de la vida y su mirada siempre será única, inigualable para con ese Padre que sabe valorar ese instante y recibe ese gesto agradecido.
No puede pagarse con el oro de este mundo.
Nace en la admiración por ése esfuerzo y por ése camino que se recorre con FE, honestidad y voluntad.
No hay otra senda. Y quien recibe esa mirada no la olvida nunca.
Hoy, el mundo del consumo, nos lleva a querer tener cada vez más. Nada nos detiene.
Ni siquiera la mirada de ese niño que solo pide la presencia de su padre cerca de la mesa y más, de su corazón.

Es verdad. En este mundo globalizado, todos los esfuerzos parecen escasos.
También es cierto que hay necesidades urgentes y otras menos importantes.
En el camino, hay metas honestas y deshonestas que arruinan a las personas.
Elegimos sendas cortas o caminos largos.

Cuando la meta es honesta, hay paz. Cuando es deshonesta y genera daño, no hay paz.
Toda Obra buena, se traduce es innumerables Gracias.

La corrupción, las malas intenciones, la pérdida de la fuente laboral, genera dolor, mucho daño, y quiebra estructuras en una Familia.

Felices quienes podemos concebir un trabajo honesto y en el buen obrar, logramos la paz. Felices los pobres que apenas con el fruto de su salario honesto, logran el pan de cada día, tienen paz y alegría.
Son felices en lo poco y en lo mucho. Fortaleza a quienes no tienen trabajo, o lo han perdido, se mantienen dignos y son ejemplos de fuerza, coraje y amor.
A ellos sea este Homenaje.
Ellos se sostienen en Dios y confían en que la barca llegue al puerto Santo de la justicia y la igualdad.
Tarde o temprano, más temprano que tarde, ese buen obrar, recibe su recompensa.
No hay dudas.

No tener trabajo, significa mucho más que tener un presente ausente.
Es triste y más aún, cuando no se tiene o se pierde el trabajo por la injusticia de los gobiernos corruptos e inconmovibles. Eso es maldad.

Felices los que tienden la mano en situaciones injustas porque merecen el regalo más grande: la paz.
Felices los que perdieron su trabajo y esperan en Dios todos los días una nueva oportunidad.

Felices los que no bajan los brazos y no pierden las fuerzas. Misericordia y el don de la verdadera sabiduría para quienes tienen la misión de brindar trabajo honesto, fecundo, genuino.

A los gobernantes que construyen con verdadera vocación social y de servicio.
A los empresarios.
Si entendiéramos que todo lo bueno que hacemos por un desconocido, lo estamos haciendo por nuestros propios hijos y nietos, las obras que se encomiendan en este mundo, serían construidas por una gran familia que sueña un mismo sueño.

En el minuto final, la película que se nos ofrece presenciar, está en nuestro corazón y no en una cuenta bancaria.
Recorre las escenas de todo lo bueno que sembramos y de todo lo que pudiendo cosechar producto de buenas obras, no lo hicimos. Eso es triste y no tiene remedio.

Nos mortifica todo lo que pudiendo haber hecho, ya no podemos hacer.

¿Cuanto más tenemos que esperar como sociedad para entenderlo?
Que esta carta nos ayude a reflexionar y a obrar en el bien.
Porque no hay justicia social, ni familias unidas, si no hay trabajo.

Sólo así, vamos a apreciar cada instante de la vida, como una caricia en el alma, cada segundo por vivir, como una oportunidad, cada día, como un ofrecimiento a Dios.

Trabajador: Ten fe.
Se Honesto. Ten voluntad.

(Carta escrita por Martín Marín, en el Día del Trabajador de 2017.)

Compartir

Los comentarios están cerrados.